Veo en mi ventana, me pregunto porque es que esta tiene una vista tan grande y las de los demás no, ¿es que acaso soy especial?, no lo creo, pero de todas formas me hace feliz el saber que puedo serlo, la verdad veo mi ventana y puedo ver hasta el horizonte, nada me impide ver las nubes y la tierra, puedo ver salir el sol encima de una montaña ya sea de una u otra, y me inclino a ver cuan diferentes son, una es negra, supongo que da la impresión de tener cerca a la nubes oscuras, otra es verde amarillenta plana y larga y otra es violeta con un toque de fierro dentro de si misma, ésta es la que mas cambia con el tiempo a veces es verde otras no, supongo que cambia por que tiene que hacerlo, es lo que la hace especial, más aun, si el sol no sale ni se pone en ella la mayor parte del tiempo,
Me levanto de cama y veo la tierra, a veces el sol, pero siempre el cielo y las nubes, y me pregunto que debería ser fácil reconocer las montañas de las cuales provienes, es decir las montañas que te rodean cada día, soy de una ciudad de los Andes, del rico y olvidado Potosí, todos oyen acerca de él y hasta lo veneran; pero para mi es una más de mis montañas.
¿Que tan importante es una montaña?; no lo sé, espero que sí lo sea, la montaña es diferente al resto de todas, por ser ella misma , su altura, es propia de si misma, ya esta vieja y nunca crecerá desde el punto de vida de nuestro temporalidad humana; ¿En qué me ayuda la montaña? A mi me ayuda a reconocer quien soy y de dónde vengo, y que cuando las vea desde otro ángulo, estas pueden parecer diferentes pero siempre serán las mismas, pueden ser inmensas e indestructibles, tocan el cielo, pero son mías, me recuerdan lo pequeño que soy, y me ayudan con quien soy, las olvidare mañana o quizás nunca, cambiarán e incluso se irán como yo, pero hoy están aquí.
Soy un hombre de montañas y me encanta serlo, y de no serlo supongo que crearía las mías, si viviría en el desierto crearía Pirámides.
Néstor W. Barrera R.
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